Santana 2.500

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Originalmente se creó en 1956 como la Metalúrgica de Santa Ana para fabricar maquinaria agrícola, pero pronto (en 1961) comenzó a fabricar bajo licencia los automóviles todoterreno Land Rover.

Fabricó diversos modelos del mismo, que tuvieron una enorme popularidad entre los agricultores y ganaderos españoles, en 1989 Land Rover, debido a problemas económicos, canceló su participación en Santana Motor, por lo que la empresa comenzó a comercializar versiones del Land Rover bajo la marca Santana, como fue el Santana 2500, todoterreno bastante popular en toda la geografía española durante los años 90. Los últimos modelos fabricados bajo la denominación «Land Rover Santana» se enviaron a petición del Gobierno Español como donativo a Colombia y otros pocos a México. Los coleccionistas sitúan al modelo 88 como el más emblemático para los Santana Land Rover.

Después de décadas de colaboración, la nueva Serie IV ya no incorporaba en sus carrocerías el logotipo de Land Rover, siendo un modelo puramente Santana que se estructuraba en una gama con versiones cortas o largas, ambas con dos definiciones distintas, una de carácter más industrial y otra de tipo más mixto, y mecánicas de gasolina o diésel, en cuatro o seis cilindros.

 La nueva Serie IV incorporaba importantes mejoras con respecto a los anteriores Serie III A: nueva resolución de la parte delantera -heredada de los anteriores Cazorla- luna delantera más grande,  otra vez con trampillas de aireación, portón trasero también más grande y alto para facilitar el acceso y las tareas de carga, interior más confortable, con nuevos asientos y mejor instrumentación, etc...

 En el aspecto técnico el nuevo motor de cuatro cilindros y 2.5 litros se había desarrollado a partir del antiguo 2 ¼, a base de aumentar la carrera hasta los 97 mm, totalizando 2.495 c.c., para una potencia máxima de 62 CV. Las versiones 2.500 y 3.500 incluían, además, un mayor ancho de vías, ballestas parabólicas, barras estabilizadoras y cambio de cinco relaciones.

 Aunque con algunas huellas del paso de los años en su carrocería, la unidad que hemos encontrado para ilustrar este trabajo corresponde a un 2.500 DC, la versión corta con motor de dos litros y medio diésel y mayor ancho de vías, como denotan sus abultados aletines, que sirven para cubrir la superior longitud de los ejes del vehículo con respecto a los Santana tradicionales.



Pese al tiempo transcurrido, este Santana continúa siendo un TT muy eficaz en campo, aunque la potencia del motor, y por tanto, las prestaciones, se queden un tanto justas para las condiciones actuales del tráfico.

Pero fuera del asfalto continúa estando a la altura de los mejores, manteniendo un razonable confort pese contar con ballestas, y disponiendo de una reductora lo suficientemente corta y unos ángulos característicos que sirven para afrontar con garantías cualquier obstáculo.

 

En resumen, un 4x4 de una generación anterior, de los que apenas quedan en el mercado, pero que a buen seguro a muchos puristas hará pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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