Diez consejos para acampantes

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El campismo no es una ciencia exacta. No tiene leyes ni mandamientos. Pero algunos consejos para campistas no se pueden pasar por alto si queremos el éxito de nuestro viaje.

Salir al aire libre es una actividad habitual para muchos, esporádica para otros, y representa una gran aventura para algunos. Para todos ellos, pero especialmente para estos últimos, está dedicada esta nota. La lista no pretende agotar todo lo que debe tenerse en cuenta, porque a diferencia de quien tiene una casita en la playa donde va todos los veranos, quienes acampan saben que cada lugar, cada temporada, cada excursión, es una experiencia diferente. Sin embargo, algunas cosas generales pueden transmitirse como consejos, para que ayuden al éxito del viaje de los campistas.

1) Planificar con cuidado
Una salida a la naturaleza puede variar entre dos días y un mes (o mucho más para quienes tienen más suerte!), y como todas las actividades de nuestra vida, requiere cierta planificación. Aunque nos guste improvisar, y no saber dónde nos llevará el viento, al menos tenemos que tener idea de ciertas cosas básicas. Por ejemplo, la cantidad de días disponibles y los lugares que queremos visitar, para hacer un balance entre ellos. También, cómo nos vamos a alimentar, y de dónde nos aprovisionaremos. Es muy lindo mirar llover desde la carpa frente a un lago, pero si la proveeduría más cercana está a 10 kilómetros y no tengo nada más que yerba para el mate, la cosa se pone fulera.

2) Seleccionar el transporte y alojamiento
Cómo me voy a mover y dónde voy a dormir definen en gran medida el resto de las actividades, el equipo necesario y los costos. Si mi opción es el auto tengo más posibilidades de cargar cosas. Si es el “dedo”, tengo que tener en cuenta que quizás un día entero, o dos, los pierda junto a una ruta con el pulgar en alto. Los campings (sean comerciales o agrestes) suelen ser la opción de los acampantes, y aquí también hay que tener cuidado. Una lluvia en un hotel me clava frente a la TV de la habitación… al segundo día de lluvia en un camping, saben quienes viajan con hijos pequeños que la imaginación ya no da para más.

3) Hacer un presupuesto
Relacionado con los dos puntos anteriores estará el costo de nuestro viaje. El dinero lamentablemente no es un tema menor, y de él dependen en muchos casos nuestras posibilidades. Si no queremos mirar la billetera vacía a la mitad del viaje, averiguar sobre el costo del transporte, el alojamiento, la comida y las excursiones es fundamental. Y a ello, agregar un extra para eventualidades. Podemos zafar de traer artesanías o chocolates para la familia, pero no de arreglar la carpa si se nos rompió con el primer ventarrón.

4) Preparar el cuerpo y la mente
Aunque suene muy “zen”, no es un consejo menor. Acampar o vivir en la naturaleza nos expone a un contexto diferente, otros desafíos o problemas, a convivir con gente con ritmos, horarios y costumbres diversas, y a cosas con las que podemos no estar habituados. Todo ello requiere paciencia, tolerancia y comprensión. A esto se suma que dormir en el suelo, con frío, con lluvia, caminar, hacer dedo, esperar colectivos, llevar la mochila a cuestas, armar y desarmar la carpa, etc. son actividades que demandan mucho esfuerzo físico. Eso puede provocar dolores o malestares en los no acostumbrados, y también por supuesto repercuten en nuestro estado de ánimo y el goce de nuestra salida.

5) Acondicionar el equipo
Siempre, antes de cada salida a la naturaleza, debemos chequear el estado general de nuestras cosas. La ropa, el calzado, la carpa, la mochila, la bolsa de dormir y los calentadores o faroles, si usaremos. Arreglar algo en un camping no es tan fácil como en casa, pero con buena voluntad y ayuda se soluciona fácil. Hacerlo en medio de un lago, o en una playa alejada, ya es otra cosa. Como siempre recordamos desde esta revista, la prevención es fundamental. Si no tenemos el hábito de revisar el equipo cuando volvemos de un viaje, para arreglar o reponer lo que sea necesario, al menos hagámoslo antes de salir. Esto incluye también las cosas prestadas, pues no siempre sabremos en qué estado nos las facilitan.

6) Reconocer el terreno
En los últimos años, el crecimiento del turismo ha llevado ciertas comodidades y servicios mínimos a casi todo el país. Excursiones, visitas, paseos y gastronomía van a la cabeza de la oferta que se ha desarrollado. Pero  aún así, todavía es común (más común de lo que uno quisiera) encontrar lugares que no tienen cajeros automáticos, estaciones de servicio que se quedan sin combustible varios días por semana, largos tramos de rutas sin dónde aprovisionarse de nafta o comida, o parajes donde no hay sala médica ni farmacia. Por eso, tenemos que averiguar bien qué servicios están disponibles en nuestros destinos, a fin de que una imprevisión o un contratiempo no se interpongan en nuestros planes.

7) Informar nuestro paradero
Cuando nos movemos por la naturaleza o en un medio no habitual, ciertas conductas preventivas se incrementan, pero otras se relajan. Siempre es importante avisar al menos a una persona dónde estaremos cuando salimos de excursión o caminata, especialmente si vamos solos o en grupos pequeños. El dueño del camping, el vecino de carpa, etc. serán los encargados de ver que no llegamos a la hora prevista, y dar aviso a quien corresponda en caso de que algo haya podido sucedernos. Cientos de vidas se han salvado por esta simple práctica, que es fundamental para rescatistas, fuerzas de seguridad o familiares a la hora de atender una emergencia.

 

8) Mantener comunicación
No hay caso, por más que seamos grandes, ¡mamá se preocupa! Bromas aparte, y relacionado con lo explicado en el punto anterior, es una buena costumbre mantener comunicación con alguien “en la civilización”. La frase “se lo vio por última vez en” es quizás el extremo al que nadie quisiera llegar. Sin pensar en tal contingencia, llamar periódicamente a casa o a algún amigo, mandar un mail o postear algo en alguna red social si tenemos acceso, son formas de “dar señales de vida” y dejar tranquilos a nuestros seres queridos (¡a quienes además podemos hacer morir de envidia con las fotos y comentarios de los lugares que estamos visitando!)

9) Hacer un culto de la gauchada
La “gauchada”, como se conoce popularmente a ayudar a quienes lo necesitan, debería ser parte de la religión de todo acampante. Vivir en la naturaleza nos permite reconocernos en un ambiente diferente, establecer nuevos vínculos, y sacar de nuestro interior cosas que quizás ni sabíamos que allí estaban. También, implica una posibilidad mucho mayor de eventualidades o contratiempos. Ambas cosas sumadas dan como resultado la necesidad, en algunos casos, del auxilio, el consejo o la mano del otro para superar algún contratiempo. Por ello, nada mejor que ser solidario con quienes lo necesitan. Los resultados pueden llegar a sorprendernos!

10) Disfrutar el viaje!
Luego de tanta planificación y preparación, podemos estar seguros que hemos minimizado las cosas que pueden llegar a salir mal, y que hemos preparado nuestro cuerpo y mente para disfrutar aún de los imprevistos, que a la larga se convierten en anécdotas de sobremesa. Por eso, sólo queda como consejo bajar un cambio, contemplar las maravillas que la Naturaleza nos regala, disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos o aquellas personas que conozcamos en el camino, dejar de lado el apuro y el acelere. Uno no vacaciona más si vive apurado, porque el tiempo no nos pertenece. Por eso, disfrute el viaje, viva nuevas experiencias,  que si lo está haciendo, seguro es porque se lo tiene ganado.